Trastornos Sensoperceptuales… (III)


III- El caso de detective Choi: ni analgesia congénita, ni asimbolia dolorosa adquirida.

Park Yoo Chun, un actor al que seguimos a cualquier drama por su carisma y capacidad para cautivar emocionalmente a la audiencia, nos trae al detective Choi Moo Gak, que tras la pérdida de su hermana en un cruel asesinato sufre un gran estrés e insomnio. Luego de semanas en un tórpido duelo empieza a perder la conciencia. Tras desmayarse mientras bucea, sufre una hipoxia por ahogamiento incompleto y cae en coma por más de una semana.

De ese coma despierta con una alteración sensoperceptual muy poco común: una analgesia o incapacidad para sentir dolor. Este cuadro está acompañado también de una incapacidad para detectar diferencias térmicas, anosmia (ausencia de reconocimiento de los olores y por tanto de los sabores) y una imposibilidad para sentir saciedad cuando come, y consecuentemente, hiperfagia.

SC-III-1

Después de este ahogamiento incompleto, el detective Choi permanece unos 10 días en coma. Cuando regresa del coma tiene un extraño síndrome, no por los trastornos en sí mismo, sino por la concurrencia de ellos: analgesia, incapacidad para detectar frío o calor, disprosodia (monotonía al hablar) y una imposibilidad de sentir saciedad tras comer.

Debido a que el daño neurológico producido por una hipoxia (falla de oxigenación cerebral) tiende a ser difuso, lo que también significa en muchos casos global, podríamos aceptar que este cuadro completamente atípico sería plausible dentro de “la licencia de lo insólito” del drama.

En este caso cabrían dos posibilidades.

La primera es basada en la evidencia clínica descrita al inicio, que supondría una causa física postraumática en la ausencia de dolor.

Cuando se producen lesiones en áreas del cerebro que sustentan el procesamiento del estímulo doloroso, pueden tener lugar déficits en uno o varios componentes de la percepción dolorosa, y pueden producirse situaciones clínicas similares a la Insensibilidad congénita al dolor, o Analgesia congénita. Dentro de los trastornos adquiridos se describen la asimbolia dolorosa, la analgotimia y la hemiagnosia dolorosa.

La experiencia dolorosa está integrada por tres componentes, que incluyen el componente sensitivo-discriminativo, el afectivo-motivacional y el cognitivo-evaluativo.  En el caso de la asimbolia dolorosa, cuadro al que más se acerca el comportamiento del detective Choi, parece estar comprometida la respuesta afectivo -motivacional. Ello implicaría, al menos, una lesión en la corteza cingular (giro cingulado) o insular del cerebro.

SC-III-2-hiperfagia

La imposibilidad de detectar el calor o el frío estaría afectando a un grupo de receptores diferentes los encargados de la respuesta de saciedad de comida. Ello apunta a una alteración que no es de tipo sensorial y va más allá de lo perceptual.

Un cuadro de asimbolia dolorosa que incluye la comprensión del estímulo doloroso pero una respuesta inadecuada, disminuida o ausente, está acompañado en la mayoría de los casos de otros complejos síndromes neuropsicológicos. El Dr. Gimeno Alava considera que la asimbolia dolorosa pura o absoluta parece no existir o son extremadamente raras.

Esto nos conduciría a la segunda posibilidad.

La hipoxia no dejó ninguna secuela o una muy leve que remitió espontáneamente, y todo el cuadro clínico es psicógeno.

Es decir, estamos frente a un trastorno de conversión, ahora también catalogado como Trastorno disociativo de la motilidad voluntaria y de la sensibilidad. Este ha sido creado como respuesta defensiva emocional del duelo no resuelto por la pérdida de la hermana. El trastorno conversivo incluye en este caso una analgesia/asimbolia dolorosa psicógena y otros trastornos funcionales de la sensación y percepción (anosmia psicógena, y alteraciones de la sensibilidad extereoceptiva superficial: tacto, calor, dolor y presión), todas de causa psicológica, incluida la hiperfagia.

«Los síntomas del trastorno de conversión generalmente comienzan de manera repentina después de una experiencia estresante. Las personas que padecen el trastorno de conversión no están inventando (simulando) los síntomas. Algunos médicos falsamente creen que el trastorno de conversión no es una afección real y pueden decirle a sus pacientes que «todo el problema está en su cabeza». Esta afección es real, causa angustia y no se puede controlar a voluntad, aunque  puede aparecer y ser sorprendente, pero no es constante, una tranquila aceptación («belle indifférence») de la grave incapacidad.»

Solo ello explicaría la recuperación progresiva del personaje, que hacia el capítulo 15 ha restablecido buena parte de sus funciones inhibidas.

Y una vez más, lo psicógeno prevalece sobre la lógica clínica del traumatismo.

Continúa en la IV parte >>>

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